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Anatomía de la entrevista casi perfecta

Una de las herramientas más valiosas del periodismo es la entrevista. Hacer buenas preguntas, escuchar con atención y saber cuándo profundizar en una respuesta son habilidades que se desarrollan con práctica, experiencia y contacto directo con las personas.

En EDITEC entendemos la entrevista como mucho más que una forma de recopilar información. Es una oportunidad para conocer una historia desde la voz de quien la vivió, descubrir detalles que no aparecen en los documentos y encontrar los elementos que pueden darle profundidad a un producto editorial.

Por eso, siempre que las circunstancias lo permiten, apostamos por las conversaciones cara a cara. La presencialidad facilita la empatía, permite leer los gestos y las pausas, y abre espacio para una conversación más natural. La tecnología nos ofrece herramientas muy útiles para investigar, coordinar y documentar, pero hay matices que solo aparecen cuando estamos frente a la persona que tiene la historia que queremos contar. Veamos algunas de las situaciones más comunes y cómo abordarlas.

1. Cuando la persona habla sin parar.

Interrumpir bruscamente suele romper el clima de la conversación. Esperamos una pausa, retomamos alguna frase que haya dicho y la llevamos hacia el tema que necesitamos explorar: “Eso que menciona es muy interesante. ¿Cómo se relaciona con…?” Así la persona siente que fue escuchada, pero la entrevista recupera el rumbo.

2. Cuando responde con monosílabos.

Normalmente no funciona repetir la misma pregunta de otra manera. Es mejor abandonar por un momento el cuestionario y pedirle que recuerde una situación concreta:

“¿Recuerda la primera vez que ocurrió?”
“¿Dónde estaba?”
“¿Quién estaba con usted?”

Los recuerdos suelen abrir más puertas que las preguntas generales.

3. Cuando no responde lo que le estamos preguntando.

A veces la persona no entendió la pregunta. Otras veces está evitando el tema. En lugar de decir “eso no fue lo que le pregunté”, explicamos por qué necesitamos esa respuesta: “Quisiera volver a ese momento porque nos ayuda a entender cómo se tomó la decisión”Dar contexto disminuye la sensación de interrogatorio.

4. Cuando está muy nerviosa.

Antes de comenzar, conversamos sobre cualquier cosa: el lugar, el proyecto, una experiencia compartida. También le explicamos para qué se utilizará la entrevista y le recordamos que puede detenerse, repetir o corregir cualquier respuesta. La confianza no se pide. Se construye.

5. Cuando encontramos una historia que no estaba en el guion.

Ahí dejamos de mirar las preguntas y escuchamos. Muchas de las mejores anécdotas aparecen en una frase dicha de pasada. El trabajo del entrevistador es reconocerla y preguntar:

“¿Me puede contar un poco más sobre eso?”.

Una buena entrevista necesita investigación y preparación. Pero también flexibilidad, intuición y mucha escucha. Porque entrevistar es crear las condiciones para que una persona pueda contar algo que quizá nunca había contado de esa manera.

 

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